Padrones en la memoria, Patrimonio

Los Molinos y «El Porvenir de Poza»

Conocido es por los pueblos que lo rodean el paraje de Los Molinos, llamado así ya que funcionaron una buena cantidad de estas aceñas harineras, dicen que hasta dieciséis, en el arroyo que lo atraviesa. El pan no abundaba como hoy en día que lo tenemos a la vuelta de la esquina y había que moler el cereal para poder alimentarse además de que la harina se utilizaba como complemento en la comida de la mayoría de animales domésticos.

En Padrones también hubo dos molinos harineros como indica Madoz en su Diccionario geográfico, estadístico, histórico de España y sus posesiones de Ultramar, ambos en la zona del Pozo Ruyal.

Mapa con las zonas de Los Molinos y el Pozo Ruyal marcadas. Un buen número de molinos harineros se situaban por todo el arroyo desde la granja, un poco más al oeste del convento, hasta las cercanías de Salas de Bureba.

Las gentes del pueblo solían acercarse a estos lugares llevando el grano en talegas que acomodaban sobre alguna montura. A veces eran los propios molineros los que con la ayuda de una reata de caballerías recogían el grano de los vecinos y se encargaban tanto de la molienda como de devolver la harina a sus respectivos dueños generalmente cobrando por sus servicios una parte de lo molido. Normalmente en cada molino vivía una familia que, a pesar de estar fuera de los núcleos de población, trataba de relacionarse como podía con el resto.

Con el grano ya en el molino, éste se introducía en la tolva y, con la ayuda de la fuerza del agua se accionaban dos piedras, colocadas una sobre la otra, que con su roce hacían que el cereal se convirtiese en la harina.

Esquema de un molino harinero hidraúlico.

El uso de los molinos se fue restringiendo poco a poco entre otras causas cuando empezaron a llegar los panaderos que al principio venían tanto de Lences de Bureba como de Salas de Bureba lo que derivó en la mengua de su rentabilidad y en su posterior abandono. El último molino de nuestro pueblo dejó de funcionar bien entrados los años sesenta. Sería ya alrededor del año 1970 cuando lo hizo el que quedaba en Los Molinos.

En el término cercano al monasterio de San Bernardino y a lo que siempre hemos conocido en Padrones como la «granja», además de estas construcciones hubo una pequeña central eléctrica que, gracias al torrente de agua que lo surca, abastecía de electricidad a Poza de la Sal desde los años veinte del pasado siglo. Se llamaba «El Porvenir de Poza» y palió como pudo la carencia de luz eléctrica en la villa salinera hasta que la empresa Iberduero, hoy Iberdrola, se hizo cargo de su suministro eléctrico. Este nombre fue común en aquella época ya que encontramos otros ejemplos como «El Porvenir» en Quintanilla Escalada, la primera central hidroeléctrica construida en Burgos, o «El porvenir de Zamora» en San Román de los Infantes.

Mapa con la situación de la central El Porvenir de Poza. Más arriba del arroyo están el Monasterio de San Bernardino o convento de la orden de San Francisco y «la granja» o finca de los molinos.

De esta fábrica de luz nos queda poco más que su recuerdo. Otro desastre más de nuestro patrimonio. Por suerte podemos conocer más a fondo su historia leyendo el interesante post de Jaime Urcelay «El Porvenir de Poza» y la llegada de la electricidad a Poza de la Sal.

Vestigios de la central El Porvenir de Poza (2018).

Un artículo más reciente del mismo autor que cuenta con los recuerdos de la familia de Ubaldo Vázquez, encargado de su correcto funcionamiento, y recopilados por su nieto José María González Vázquez es la inspiración de este texto. Reproduzco a continuación lo que me ha parecido más destacado aunque no duden en acudir a la entrada original para completar la información y ver además las entrañables fotografías que la acompañan.

Los recuerdos de la familia de Ubaldo Vázquez

El funcionamiento de «El Porvenir de Poza»

La Central de El Porvenir de Poza estaba a cinco kilómetros del pueblo, camino de Piedramazal y Aguas Cándidas. En el recorrido había una línea de cobre de unos 4 milímetros y 5 hilos: 2 positivos, 1 neutro y 2 para el teléfono. Los hilos estaban sujetos en postes de madera con soportes aislantes de vidrio. Los primeros años los postes aguantaron bien. Después, en el invierno, con la nieve, el agua y el viento, se caían con bastante frecuencia. Cuando esto ocurría, teníamos que recorrer la línea, levantar los deteriorados y revisar si había alguno más en mal estado.

En la Central estaban la turbina, el alternador y el transformador de donde salía la corriente a 3000 voltios. Con esa potencia llegaba al molino. De allí iba a las casas y a las pequeñas industrias con tensión de 110 /220 voltios. La turbina se movía con agua que venía del manantial «Peña del Gallo», situado a un kilómetro. Antes de llegar a la Central, a unos 150 metros, estaba el pequeño depósito. De allí caía a la turbina y así es como funcionaba la Central.

En los primeros años de vida de la Central, durante el día la corriente solo alimentaba al molino de Poza y por la noche se destinaba al alumbrado. Años después, sin embargo, cuando los vecinos empezaron a poner electrodomésticos en sus casas, había que destinar la electricidad para los hogares durante el día, con lo que empezó a haber escasez de corriente, sobre todo en épocas en que el caudal del arroyo era más débil. Como consecuencia de ello algunas noches se vaciaba el depósito y teníamos que parar la turbina hasta que nuevamente se llenaba. Otras noches regulábamos la corriente al mínimo para que durara un poco más el agua, con lo que el voltaje también se reducía.

La Central estaba instalada en un edificio de una sola planta, la puerta de entrada estaba situada paralela al arroyo de los Molinos. Según se entraba y a la izquierda, estaban la turbina y el alternador situados sobre una bancada de hormigón de unos 50 centímetros de altura. Al fondo estaban el transformador y los aparatos de medida (amperímetros, voltímetros etc.), ocupando una tercera parte del edificio aproximadamente. A la derecha de la puerta de entrada estaban los espacios privados, dormitorios, cocina, etc.

Los molinos harineros

Ubaldo Vázquez empezó su actividad a mediados de los años 30 y estuvo más de 35 años en la Central. Por el año 1942, había varios molinos: uno a unos 60 metros de la Central, otro en la parte de arriba, otros dos o tres por la zona de abajo, hacía el pueblo de Salas. Pero a los pocos años solo quedó uno, los demás se fueron hundiendo poco a poco.

Los molineros sí que vivían allí. Tenían la vivienda encima del molino. Aunque yo no vi funcionar el molino que estaba cerca de la Central, los que habían trabajado en él siguieron viviendo en la casa muchos años más porque tenían tierras que trabajaban y ganado que cuidaban.

Sí que vi funcionar el que estaba a 1 kilómetro aproximadamente, pero solo lo hacía por la noche ya que era la época del estraperlo. Molían por la noche para no ser descubiertos y venía mucha gente de pueblos cercanos. Estos molineros también tenían su vivienda en el propio molino. Lo regentaba una señora llamada Daría y en los últimos años de funcionamiento los molineros que lo llevaban eran dos hermanos que se llamaban Antidio y Quinidio y se apellidaban Lobo Carbón. Había también algunas cabañas para recoger el ganado, pero no muchos más edificios.

Vida cotidiana en la Central

La vida cotidiana en la Central consistía en levantarse en cuanto empezaban los consumos de energía en el pueblo; la máquina se ralentizaba y ese era el despertador. Entonces había que abrir la turbina de forma manual para regular la corriente hasta estabilizarla en los parámetros adecuados. A continuación, desayunar, subir a la presa y examinar su estado, limpiar con el rastrillo las hojas y todo lo que pudiera obstruir la rejilla de paso.

Revisar la turbina, engrasar los cojinetes y realizar todas las tareas diarias de mantenimiento y limpieza, principalmente de la entrada de agua a la turbina que arrastraba muchas impurezas que atascaban los álabes. Esto era fundamental pues había pocos materiales de repuesto y cualquier avería dejaba sin suministro eléctrico a todo el pueblo.

Todo el mantenimiento y reparación de la línea eléctrica de Los Molinos a Poza se realizaba de forma manual. Los agujeros para los postes se hacían con barra de hierro. A los postes de madera se subía con trepadores y los cables se tensaban a mano, con un tensor. Tanto los tensores como los trepadores eran de cuerda y cuero. Estos últimos disponían de ganchos de acero para facilitar la subida a los postes.

Cualquier tarea de este tipo podía durar todo el día en condiciones normales, porque si llovía o nevaba no se sabía cuándo se podía acabar. Hay que tener en cuenta que en aquella época nevaba mucho y los caminos y carreteras eran prácticamente intransitables.

Como anécdota, en el año 1945 la nevada fue tan grande y la nieve duró tantos días que hubo que abastecer de comida a los que estaban en la Central a través de Salas de Bureba. El trayecto duró unas siete horas.

Los alimentos se le suministraban principalmente desde Poza, mediante caballerías. También se disponía de gallinas, conejos y patos para el consumo diario. Por el camino se iba mirando si el tendido eléctrico y los postes estaban en condiciones correctas.

A nivel humano nos relacionábamos con los vecinos de la granja agrícola que estaba a unos 1500 metros, con los molineros vecinos y sus hijos, con los molineros del molino que estaba en el camino hacia Salas, con las patrullas de la guardia civil, con todas las personas que se acercaban para que se le reparase algún pequeño electrodoméstico o aparato de radio y con todos los que transitaban de Aguas Cándidas a Poza, que en aquella época eran bastantes.

En un principio existía un teléfono conectado con el molino de Poza, pero cuando no funcionaba y necesitábamos algo los que estábamos en la Central hacíamos avisos con la luz, que recibían los familiares que estaban en Poza. Teníamos la contraseña de uno, dos o tres avisos según la gravedad de lo que pasara.

Los Vázquez Tubilleja tubieron familia en Padrones de Bureba, en el barrio de Mediavilla, donde nacieron Isidro y Lucila, hijos de Ubaldo.

Fuentes consultadas: Blog de Jaime Urcelay, Alma de Herrero

2 comentarios en “Los Molinos y «El Porvenir de Poza»”

  1. Curioso e interesante artículo sobre estas pequeñas industrias y sobre el acertado aprovechamiento del agua a lo largo de todos tiempos. A mí solo me queda el recuerdo de aquellas subidas y bajadas de luz con sus correspondientes apagones y las bombillas de luz débil y amarillenta.

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    1. Gracias por tu comentario Carlos. Claro está que el abastecimiento eléctrico no tenía las condiciones de hoy en día y los apagones eran continuos. Toda una odisea para satisfacer unas condiciones de vida aceptables además de que cualquier industria que se quisiese implantar no podía depender de esta energía. Un saludo.

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