Patrimonio

El monasterio de San Bernardino

A una legua de la Villa [Poza], situado en medio de un encinar, hay un monasterio de franciscanos llamado San Bernardino, en cuyos jardines brota un abundante manantial que forma múltiples remansos y canales abundantísimos en truchas…

De esta forma aparece descrito en 1528 el monasterio de San Bernardino de Siena que, aunque perteneciente al término municipal de Poza de la Sal, siempre estuvo muy vinculado con Padrones de Bureba. La escasa distancia que hay entre ambos, poco más de 2 kilómetros, ayudó a estrechar lazos por lo que aún podemos encontrar entre los vecinos a quién conserva anécdotas y vivencias relacionadas con este lugar.

Conocido en el pueblo como «el convento», fue fundado a mediados del siglo XV por fray Lope de Salazar y Salinas, de la orden de San Francisco, alentado por el que fuera sexto señor de Poza, Juan Rodríguez de Rojas, y su mujer, doña Elvira Manrique de Rojas, señora de Requena.

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Ruinas del monasterio de San Bernardino (2018).

Sobre los hechos ocurridos entre sus paredes tan solo sabemos algunos retazos. En 1770 no quiso admitir fundaciones pías que a su favor se hacían en la villa salinera por lo que podemos intuir su buena condición por aquel entonces. A finales de ese mismo siglo se desprendió un gran peñasco cayendo sobre la cocina y matando al hermano cocinero. Hospital militar durante la francesada, en 1809 sufre una primera desamortización decretada por José Bonaparte. Los monjes regresan en 1814 pero su extinción final se produce durante el Gabinete de Mendizábal por Decreto de 11 de octubre de 1835 (durante los gabinetes de Martínez de la Rosa y del Conde de Toreno aún continuaba abierto). Entre los últimos exclaustrados se encontraba D. José Rodríguez, cura de Padrones de Bureba entre 1840 y 1860.

En 1836, año en que se destejó, el monasterio figura ya como extinguido. Cinco años después se hundió la bóveda por las lluvias y acabó siendo objeto de subasta pública en 1844. Muchos libros de su arruinada biblioteca fueron llevados al monasterio de San Salvador de Oña por los padres Jesuitas y algunos otros por D. Melquiades Zúñiga, arcipreste de Poza de la Sal, y D. Heliodoro, párroco de Quintanaopio.

Enclavado en un boscoso valle de suaves laderas, su aislamiento facilitaba el retiro de sus ocupantes pero quizás éste tuvo también que ver en su triste final, separado de núcleos de población y de sus oportunas comunicaciones. El arroyo de Los Molinos junto al que se encuentra es conocido así porque antiguamente en su cauce llegaron a moler 16 molinos (en el primer tercio del siglo pasado movió además las turbinas de la central eléctrica «El Porvenir de Poza») lo que atestigua la abundancia de agua y la fertilidad de un terreno conventual que albergaba gran variedad de frutales, surtida huerta y un pequeño viñedo. Al parecer comenzó funcionando con 15 frailes, después con 25 y en tiempos del Marqués de la Ensenada la comunidad estuvo constituida por 27 miembros (ésta o poco mayor era la capacidad de la casa por lo que no es probable que acogiese a un número más elevado de personas).

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Antigua fotografía del monasterio de San Bernardino (Poza de la Sal). Fuente: jaimeurcelay.me

Hoy tan solo se conservan sus centenarias ruinas entre las que podemos adivinar los restos de una iglesia y un claustro de estilo herreriano, está documentada una iglesia anterior, y algunos elementos barrocos. Una imponente tapia circunda el terreno lo que ayudado por la vegetación dificulta un correcto visionado del emplazamiento, aparente objetivo de quién ostenta su propiedad.

No es raro que una melancólica sensación me embargue cuando me acerco por la zona y acabo pensando en la facilidad con que malogramos aquello que con tanto sufrimiento se levantó, y lo abandonado que ha estado siempre el mundo rural porque si estas piedras que hoy guardan silencio se encontrasen en ciudad alguna puede que hoy se levantaran orgullosas en lugar de contemplar su abandono.

Podemos llegar hasta los vestigios del monasterio desde cualquiera de los cuatro pueblos que lo rodean: Padrones de Bureba, Aguas Cándidas, Salas de Bureba y Poza de la Sal. El trayecto desde los tres primeros es de similar longitud siendo algo mayor desde el municipio al que corresponde.

Fuentes consultadas:
Apuntes de D. Esteban Robledo Díez, cura de Padrones de Bureba entre 1937 y 1941.
Revista de la A. R. C. La Amistad de Padrones de Bureba (2002).
Blog de Jaime Urcelay

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